La televisión desplazó a las chimeneas del centro de los hogares hace medio siglo y no está dispuesta a ceder su cetro al ordenador sin siquiera plantar batalla. La competición se disputa en ambos campos con incursiones alternas: uno y otro se meten en el terreno contrario lo que invita a pensar en un futuro donde cada uno mantenga una parecela común y ambos compartan un gran número de servicios para el usuario. Están son algunas claves de ese híbrido aún en desarrollo.
La conversación: el continuo piar de los tuiteros es el ruido de fondo en el que ahora se desenvuelven y sobre el que compiten los programas televisivos. El asunto da para mucho y los ejemplos, con aquella miniserie de Felipe y Letizia como punto de inflexión, son referenciados a diario por la prensa digital, que ha cogido el gusto a escribir sobre de qué se habla en Twitter.
“Las redes sociales, que parecía que iban a acabar con la forma tradicional de ver la televisión están contribuyendo a hacerla más social, más apetecible y a que esté más viva que nunca. Ver la televisión se ha convertido en algo mucho más entretenido, tanto más cuanto peor es el programa”, asegura Susana Alosete, de chicadelatele.com. Un trending topic televisivo es el equivalente cuantificable y digital del desparrame verbal que antes inundaba las plazas, colegios, carnicerías y edificios públicos cuando, por ejemplo, Sabrina enseñaba una teta. Los 25 años transcurridos desde entonces no cambian lo esencial: nos gusta hablar de las cosas de la tele.
Desde dentro de la pantalla también se han dado cuenta de este tirón y no renuncian a ser los primeros en promocionar y utilizar la red social de los 140 caracteres. Jordi Évole sería el paradigma en España de este uso que hace de cada Salvados un trending topic dominical. Este es nuestro storify de su último programa:
Aquí puedes ver el ‘Storify’ de #miedocracia: http://storify.com/via52/miedocracia-la-dictadura-de-los-mercados
La pelea por la caja lista. Se hacen llamar smart tv (tele inteligente), se conectan a internet (por cable o por wifi) y tienen aplicaciones. Sencillo y, en realidad, en pañales. Pero será, a medida que crezca, la llegada absoluta de internet al salón de casa. De momento, se pueden encontrar las aplicaciones de Youtube, Facebook, Twitter o las videollamadas a través de Skype o el Face Time de Apple. También hay acceso a las aplicaciones de los canales convencionales, que ofrecen su catálogo de contenidos a la carta para que el espectador escoja cuando consumirlo, las noticias de nuestro periódico diario o de la prensa internacional de referencia. Videoclub para alquilar películas desde un inmenso listado, programas para practicar ejercicio y canales de televisión ajenos a la TDT pero muy conocidos por los usuarios de Ono o Imagenio, como Sol Música, Canal Historia, etc. Y cada vez es más fácil encontrar que estas televisiones tienen un navegador completo: toda la web a nuestro alcance en la televisión HD.
El modelo es, por ahora, privativo y la competencia por hacerse con la primacía es la más encarnizada, porque aquí quieren jugar todos: medios de comunicación, canales temáticos, fabricantes de televisiones y de consolas, canales de pago, operadoras de telecomunicaciones… Quien pueda reproducir algo en la pantalla grande puede jugar y el tótem del ocio hogareño es demasiado atractivo como para no luchar por él.
El reverso es la falta de estándares sobre internet-tv, lo que frena el trabajo de posibles desarrolladores de aplicaciones que sirvan para varias plataformas. La apuesta europea, al menos en cuanto a la oferta bajo demanda de la televisión convencional es el formato Hbbtv. Es, por ejemplo, el sistema utilizado por RTVE en su reciente aterrizaje en las teles conectadas a internet o el que está probando también Telecinco.
El resultado de la ausencia de estándares es el lento avance de las aplicaciones y, con él, la carencia de alternativas fuera de las grandes marcas comerciales. Esto supone que mientras internet en el ordenador se convierte en una herramienta poderosa de comunicación superando barreras de control de todo tipo -como en los vídeos en directo emitidos en streaming durante las recientes protestas globales-, la imposibilidad de que estas plataformas lleguen a la televisión limita la pluralidad y disgusta a quienes la han probado.
De hecho, la escasez de contenidos y la poca funcionalidad son quejas comunes entre los usuarios de la internet-tv, que en España alcanza sólo al 11% de los hogares con televisión, según un estudio de septiembre de 2011 de The Cocktail Analysis con Antena 3, que da muchas otras cifras sobre consumo de contenidos audiovisuales en distintas plataformas:
Ficción multisoporte. Todos estos cambios también están produciendo un efecto sobre la narrativa misma. Ahora, los personajes cobran vida más allá de sus márgenes televisivos, como en la serie de Antena 3 El Barco. Globomedia, responsable de la serie, ha puesto en marcha, siguiendo fórmulas ya probadas con éxito en países como Estados Unidos o Reino Unido, los twittersodios, minihistorias dentro de la gran historia de la serie que se pueden seguir a través de los diálogos entre los perfiles de los personajes en Twitter.
Los personajes -que no los actores-, por tanto, conversan activamente con los seguidores sin salirse de los márgenes de ficción en que han sido creados. Pero Antena 3 ha dado un paso y ha lanzado el juego de El Barco, que se viene a sumar a los ya existentes sobre Hispania o Los Protegidos. Es decir, que más allá de las posibilidades narrativas, el uso que se está dando por el momento a este tipo de actividades tienen un objetivo entre la fidelización de los seguidores y el merchandising tradicional que exprime, por todas las vías posibles, los personajes de una determinada obra. Lo mismo que se ha visto siempre: de Eurodisney a Pocoyó pasando por la Marvel.
“Tanto en El Barco como detrás del perfil de @EspeonzaAguirre, hay gente que sabe mucho de narrativa y de guión”, explica Merche Negro, responsable de Vudeo.org, sobre la ficción tuitera. No se debe esperar que por disponer de ello se le saque más provecho narrativo que el meramente promocional, pero habrá que estar atento.










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