La llamada era de la comunicación y el auge de las redes sociales han modificado de forma irreversible nuestros hábitos, costumbres y formas de interrelación entre contactos en el día a día. Para muchos la jornada no queda completa si no actualizamos nuestra cuenta de Twitter, hacemos check-in en nuestro bar favorito en Foursquare o subimos las fotos de la última cena a Facebook. Sin embargo, pocos tienen la sangre fría de plantearse una duda inexistente hace apenas una década: ¿qué ocurre en la red cuando nuestros días llegan a su fin? ¿En qué queda nuestro yo digital tras la muerte? Estas incómodas preguntas tienen, como en el mundo real, múltiples respuestas según la elección de cada usuario. No son pocos los sitios web e incluso empresas que adaptan o modifican sus servicios para oficializar la muerte digital de los internáutas ya que, pese a lo que podríamos pensar en un primer momento, la entrada del mundo digital a nuestras vidas 1.0 no ha eliminado nuestros arcaicos ritos y costumbres funerarias, sino que los ha abrazado y adaptado a su medio.
Con más de 2.000 millones de usuarios en Internet y un crecimiento de casi el 500% en los últimos diez años, la población digital empieza a equiparar sus necesidades vitales a la tradicional. Facebook, que constituye el “tercer país” del mundo con 600 millones de personas registradas, estrenó en octubre de 2009 su particular “servicio funerario”. Esta red social habilitó la posibilidad de transformar cuentas en “memoriales” tras la muerte de un usuario. Así, a través del apartado de contacto, los familiares o personas cercanas del fallecido pueden desde entonces solicitar esta modificación mostrando algún tipo de prueba como el certificado de defunción junto al nombre de usuario y la relación del solicitante. Desde el momento en que Facebook da el visto bueno la cuenta cambia parámetros como la información de contacto, que dejará de mostrarse incluso para los amigos del usuario fallecido, deshabilitará la opción de publicar actualizaciones y eliminará la cuenta de entre las mostradas en los apartados de sugerencias así como del servicio de búsqueda. De hecho, en cuanto la cuenta se transforma en memorial se restringe por completo el acceso a la misma desde el propio usuario, con lo que el paso es irreversible. Es más, queda en manos de los “herederos” de la cuenta el decidir si comunicar o no a los contactos del usuario su fallecimiento, puesto que estos no recibirán notificación alguna tras la transformación en memorial.
Servicios como este parecen estar un paso por delante de la legislación en cuanto el tratamiento de datos tras la muerte. Así, según detalla Javier Carbayo, abogado experto en Cumplimiento Normativo de Ecija, en la legislación española no encontramos ninguna norma que recoja de manera expresa “la consideración de nuestros datos digitales como bienes”. Carbayo añade que “estamos en vías de saber” como concretar el valor de dichos bienes antes de, por ejemplo, incluirlos como parte de una herencia. La antigüedad de la norma que lo regula en el Código Civil tampoco ayuda: un texto de más de 100 años que tendrá que adaptarse, sin necesidad de añadir “nuevas reglas expresas” con las que establecer “las pautas o directrices con las que delimitar tales datos o bienes digitales”. No obstante, la Ley Orgánica de Protección de Datos sí que ofrece vías para que los familiares de un fallecido puedan disponer de sus cuentas de usuario. Así, Carbayo apunta que, aportando la acreditación suficiente, se podrá exigir a la empresa propietaria del servicio el acceso al mismo para comunicar la muerte de su titular. No obstante el abogado recuerda que muchos de estos sitios web se regulan por la normativa de otros países, principalmente Estados Unidos, con lo que a la hora de la verdad la clave se encuentra en los Términos y Condiciones legales del servicio.
Legado digital
¿Existe una demanda real por parte del usuario de este tipo de servicios? Carbayo considera que el tema se encuentra en una fase “incipiente de constatación y reflexión”, pero añade que, aunque por el momento no preocupan de manera mayoritaria a la sociedad, probablemente “asistiremos a un acelerado incremento de tal demanda” debido al “vertiginoso aumento de las redes sociales o el cloud computing”. De hecho, aunque Facebook no ha dado a conocer el número de cuentas de usuarios fallecidos que efectivamente han sido convertidas en memoriales, el servicio Entrustet calcula que 1.780.000 usuarios de esta red social morirán este mismo 2011 al cotejar datos del Centro de Control de Enfermedades. De hecho, Entrustet es una de las empresas que dedica sus recursos precisamente a ofrecer un “paquete post vida-digital” para facilitar el mal trago de gestionar las cuentas del fallecido. Lo particular de esta marca es que su servicio es ante-mortem, es decir, es el propio usuario el que deja todo atado antes de su fallecimiento. Una vez creada la cuenta, el servicio permite listar nombres de usuario y contraseñas así como cuales de estos serán “heredados”, y por quién, y cuales deberán ser eliminados. De hecho, en caso de que queramos sentirnos aún más seguros con el trámite Entrustet permite, a través de la empresa LegalZoom, crear y vincular un testamento digital, eso sí, por unos 60 dólares,.
Entrustet oferta así una cuenta gratuita en la que vincular todos los usuarios de la persona en diversos servicios de la red con sus respectivos datos de seguridad, de forma que los familiares únicamente tengan que conocer una contraseña (la de Entrustet) y desde ahí acceder a toda la vida digital del fallecido. Además el usuario puede contratar un abogado bajo el nombre de “ejecutor digital” que reafirme la total seguridad y confidencialidad de los datos del mismo hasta el momento de su muerte, sin necesidad de comunicar la existencia de la cuenta a los familiares antes del desgraciado suceso. La propia página ofrece un listado de letrados disponibles para ocupar este papel, si bien este servicio únicamente está operativo en Canadá y en la mayor parte de las costas este y oeste de Estados Unidos.
Pese al innegable abanico de opciones, el internáuta medio parece reacio a recurrir a estos servicios, de hecho la página de Entrustet en Facebook únicamente cuenta con 237 “me gusta”, seguramente debido a lo poco que dedicamos a pensar en lo inevitable de nuestra muerte. Es mucho más habitual que sean las personas allegadas las que quieran rendir homenaje al desaparecido, como demuestran la creación de eventos para recordar a los muertos o grupos como ‘Altar de muertos‘, con 341 fans, o ‘I Will Always Remember My Deceased Beloved Ones‘, con más de 1.700, ambos pensados para publicar mensajes en honor a los que ya no están.
En otras redes sociales con formatos radicalmente distintos a los de Facebook la gestión de la muerte resulta mucho más incómoda. ¿Qué sentido tendría, por ejemplo, transformar en ‘memorial’ una cuenta de Twitter? Ninguno, o al menos eso debe de pensar la compañía, que da la posibilidad de eliminar directamente la cuenta ante estas delicadas situaciones. El proceso de verificación de la muerte es similar al de Facebook y, en principio, tampoco hay marcha atrás una vez eliminada. Cabe recordar que esto también ocurre con aquellas cuentas que permanezcan inactivas por un periodo de seis meses, ya sea por desinterés del usuario o por su muerte. Con todo, como en el caso de la red social creada por Zuckerberg, los twitteros también optan por vías oficiosas para anunciar su “despedida definitiva”: sin ir más lejos la usuaria @Taube08 alcanzó el pasado mes de noviembre un triste trending topic en España, al dejar encargada a su madre la comunicación de su muerte y posterior gestión de pésames y condolencias. Un duro pero inevitable trago que pronto podría convertirse en tan imprescindible como la preparación de velatorios y funerales.
Hay muerte más allá de las redes sociales
Aunque para muchos sea ya imposible concebir Internet sin la gran ola del Social Media, esta ritualidad digital ante la muerte no nace, ni mucho menos, con Facebook. El modelo de “memorial” de la red social no es nuevo, pudiendo encontrar con sorprendente facilidad un buen puñado de los llamados “cementerios digitales”, espacios eminentemente 1.0 que vienen a constituirse en el sustituto de este siglo a las esquelas que aún hoy en día pueblan las paredes y portales de muchos lugares de España.
Sin embargo, todos ellos presentan un aspecto excesivamente “casero”, claramente potenciado por personas particulares sin un dominio (o interés) demasiado alto en el diseño web. Claros ejemplos los encontramos en The Virtual Memorial Gallery, Jardín Celestial, Cementerio.info, In Memory of o Cementerio Virtual. Uno de los pocos espacios de este tipo que buscan rédito económico lo encontramos en el eMemorial alemán, una web que, sin grandes virguerías, permite subir la esquela de un fallecido (sea reciente o no) y complementarla con otros elementos como archivos de vídeo y fotos y la posibilidad de “encender una vela”, algo así como el ‘Me gusta’ de Facebook, previa creación de cuenta gratuita. Este tipo de sitios parece tener especial tirón en dos mundos que tradicionalmente afrontan la muerte de formas muy distintas: el latino y el anglosajón. Así, uno de los espacios de este tipo más elaborados lo encontramos en la página argentina El Adiós, un cementerio virtual de cuidado diseño gráfico y que, junto al servicio de memoriales, también incluye un glosario de los diversos servicios funerarios disponibles en el país.
Queda claro que nos encontramos ante todo un nuevo mundo en lo que a ritualidad funeraria se refiere. Más allá de experimentos y ocurrencias, como las cuanto menos curiosas ‘Tumbas 2.0‘, nuestra presencia en Internet queda lejos de ser algo testimonial y se ratifica como un aspecto más de nuestra vida diaria. Muchos de nuestros contactos sociales y profesionales nacen en la red y, en multitud de ocasiones, nunca llegamos a ‘desvirtualizarlos’ pese a que desarrollemos una relación cercana con ellos. Esto provoca la necesidad de que nuestra muerte sea oficial también en Internet, haciendo que servicios post-mortem como los de Facebook o Twitter se conviertan no sólo en necesarios, sino obligatorios y muy probablemente pioneros en un nuevo requisito de la web social.











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