Francia vivirá durante los meses de abril y mayo de este año las décimas elecciones presidenciales de la Quinta República. En ellas, como en todas las citas con las urnas celebradas en Europa desde el inicio de la crisis financiera de 2008, los temas principales serán la economía y el paro. Pero desde hace varios años, décadas en el caso francés, el tema de la inmigración se ha colado en la agenda política del país, que ha pasado del ‘Libertad, Igualdad y Fraternidad’ de la Revolución de 1789 a tener un ministro del Interior, Claude Guéant, que en el año 2011 afirmó que “los franceses ya no están en su casa”, refiriéndose al “desmedido” flujo migratorio que el país soporta. En términos parecidos se ha expresado Nicolas Sarkozy hace pocos días en Marsella.

Marine Le Pen, presidenta de Front National (FN, Francia) en un acto en Marsella el 4 de marzo de 2012
Sin embargo, las cifras parecen decir lo contrario, ya que según un informe del Instituto Nacional de Estudios Demográficos la cantidad de población inmigrante residente en Francia en el año 2010 representaba el 10,7 por ciento de la población total del país.
A pesar de que los hechos demuestran que Francia tiene una tasa de población inmigrante moderada, a estas elecciones concurren dos partidos con un discurso xenófobo muy arraigado: el Frente Nacional, antiguo partido neonazi reconvertido al populismo euroescéptico de extrema derecha, liderado por Marine Le Pen, y la Unión por un Movimiento Popular del presidente de la República, Nicolas Sarkozy.
En el primero el odio a la diferencia forma parte de su ADN como formación política. Fundado por el negacionista del holocausto judío Jean-Marie Le Pen, el Frente Nacional es una de las formaciones bandera del neofascismo en Europa, que consiguió buenos resultados electorales mucho antes (desde mediados de los años 80) que cualquiera de sus correligionarios del continente. Así, le arrebató el tercer puesto de la política francesa al partido comunista y desde entonces siempre ha sido el eterno tercero después de socialistas y ‘gaullistas’ (derecha francesa republicana inspirada en la figura del General De Gaulle, que, en los últimos años, especialmente desde el inicio del liderazgo de Nicolas Sarkozy, ha virado hacia posiciones más neoliberales).
‘Mano dura’ para ganar votos
Ambos partidos de derecha que, según los últimos sondeos, con fecha de esta misma semana, representan el 45 % de la intención de voto de los franceses (19% por ciento para Marine Le Pen y 26 % para Nicolas Sarkozy) llamados a las urnas, presentan unas propuestas sobre inmigración marcadamente restrictivas.
A modo de resumen, encontramos en los dos partidos bastantes similitudes en cuanto a política migratoria. No en vano, la UMP de Sarkozy lleva ‘pescando’ casi una década en el caladero de votos del Frente Nacional. Podemos ver en ambos programas una fuerte restricción del derecho al asilo y un férreo control del reagrupamiento familiar. Un refuerzo de los centros de detención y retención de inmigrantes y un marcado intento de reafirmación de la ‘identidad nacional’, elemento que fue objeto de una importante polémica hace un año en Francia, cuando el Gobierno de Sarkozy, con el primer ministro François Fillon como principal promotor, lanzó la idea de celebrar un gran debate sobre la ‘identidad nacional’. Dentro de esta política encontramos, eso sí, algunos matices, por ejemplo, el partido de Sarkozy aboga por reforzar los ideales republicanos por la vía de endurecer al máximo la obtención de la nacionalidad francesa, mientras el Frente Nacional quiere interrumpir toda llegada de extranjeros al país así como establecer la cláusula de ‘los franceses primero’, denominador común del neofascismo europeo.
El Frente Nacional consiguió su mejor resultado histórico en el año 2002 cuando, causando un cataclismo político en Francia, Jean-Marie Le Pen llegó a disputar a la derecha republicana la presidencia en la segunda vuelta, pasando por delante del partido socialista, liderado en aquella ocasión por el ex-primer ministro Lionel Jospin. En aquel momento Francia dio su voto en masa al candidato del centro-derecha, Jacques Chirac, que defendía un programa de derecha liberal y que marcaba bastante la diferencia frente al argumentario xenófobo del Frente Nacional.
Radicalización de la derecha republicana
Esas elecciones mostraron a la derecha francesa que había mucho que ganar si se endurecían las posiciones en política migratoria. El punto de inflexión en la derechización de los liberales franceses fue el nombramiento de Nicolas Sarkozy como ministro del Interior. Durante su época ocupando dicha cartera se produjeron los graves disturbios de 2005, cuando una actuación negligente por parte de dos agentes de la policía francesa provocó la muerte de dos jóvenes de la periferia de París. Como siempre ocurre (no hay más que ver los acontecimientos de este verano en Londres), este trágico hecho supuso la chispa que encendió los barrios deprimidos, poblados mayoritariamente por inmigrantes y franceses nacidos de padres que en su día fueron inmigrantes, y puso de manifiesto una desastrosa gestión de la política de integración por parte de la República Francesa.
Dicha gestión sigue dejando mucho que desear y ha dejado paso a una importante cuestión social que supone un desafío para la sociedad francesa desde hace unos años: el ‘comunitarismo’, es decir, el repliegue hacia dentro de las diferentes comunidades religioso-culturales (musulmana, cristiana y judía principalmente). Dicha cuestión pone en la encrucijada a la sociedad francesa y obliga a la Quinta República (que dio comienzo en 1958) a mirarse al espejo y a renovarse para dar cabida a las nuevas sensibilidades que la conforman sin menoscabar los valores republicanos.















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